viernes, 27 de diciembre de 2013

Música.

Hola Música...

Gracias por ser mi mejor amiga.
Por aguantarme cada vez que lloro, por las cosas que me haces recordar.
Por aguantar el que quiera ponerte tan alto, que mis pensamientos pudieran explotar, para así dejar de pensar, y no oír la voces de mis recuerdos.
No quiero que nunca acaben las canciones... pero al menos se repiten.
Y mis recuerdos se repiten también.
Al igual que las lágrimas.
Entonces sin quitarme los cascos, me pongo boca abajo, y lloro.
En mi cama, que es testigo de lo que me sucede.
Como aquella vez, que también me vio sangrar.
Como aquella vez, que también me vio gritar.
No me quito los cascos. ¿Para qué? El dolor permanece con la música, pero es mejor al silencio de mi habitación que me aterra escuchar.
Aunque nadie lo sabe, mi habitación es realmente un suicidio.
Cuando alguien entra, todo parece estar bien.
Pero... nunca está bien. Quizás he llorado antes. Quizás he sangrado antes. Pero eh, límpiate esas gotas... de agua y sangre...
Todo va estar bien, ¿no?
¿No dice todo el mundo esa frase de: "anímate, todo irá bien"?
¿Qué arreglan con eso?
Nada en realidad.
¿Por qué no se esfuerzan?
Porque en realidad no le importo a nadie. Si nadie se esfuerza en "ayudarme", ¿por qué yo misma me iba a ayudar? Mejor dejarlo así.
Fingido, como siempre.
"Bien", como siempre.

Por eso... la Música aunque no es humana, me ayuda más que vosotros.
Por eso... me siento bien así.
Aunque me traiga dolor y recuerdos,
es más reconfortable que todas las palabras de ánimo que me dan.

Gracias, Música.

No hay comentarios:

Publicar un comentario